Entre las principales causas de extinción de las especies están la fragmentación de los bosques y la pérdida de su conectividad. La reducción del hábitat de muchos mamíferos afecta su sobrevivencia.
Fotografía: Archivo iM Editores
Cada especie de colibrí se relaciona con cierto tipo de flores de las que depende su subsistencia. Colibrí Coeligena torquata.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Los páramos del norte de la cordillera de los Andes son los ecosistemas formados más recientemente. Paisaje de páramo en la Sierra Nevada del Cocuy, departamento de Boyacá.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Bosque seco y matorral espinoso de La Guajira.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Llanura inundable de la Orinoquia.
Fotografía: Archivo iM Editores
Selva del piedemonte amazónico.
Fotografía: Archivo iM Editores
El extenso gradiente altitudinal del bioma de montaña ha propiciado la formación de diversos ecosistemas.
Fotografía: Archivo iM Editores
En el páramo se han desarrollado diversas especies de frailejones especialmente adaptados a las condiciones ambientales extremas de la alta montaña. Comunidad de pajonal frailejonal con especies de Espeletia.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Algunas plantas herbáceas del subpáramo presentan flores de formas y colores atractivos para los polinizadores.
Fotografía: Archivo iM Editores
La ganadería ha producido cambios severos en la estructura de los suelos y de la vegetación natural del páramo, así como en sus funciones de regulación hídrica.
Fotografía: Archivo iM Editores
La desaparición de los venados en los páramos se debe a la cacería y a la conversión de su hábitat en zonas de ganadería. Venado real o de cola blanca, Odocoileus virginianus.
Fotografía: Archivo iM Editores
Una característica de la selva nublada es el elevado epifitismo, debido a que la niebla proporciona la humedad necesaria para el desarrollo de musgos, líquenes, orquídeas y helechos, entre otras plantas epífitas.
Fotografía: Germán Montes Veira
Debido a la deforestación, las palmas están creciendo aisladas en los pastizales de ganadería, condiciones éstas que hacen difícil su regeneración natural. Palma de cera del Quindío, Ceroxylon quindiuense.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Los incendios, además de afectar la estructura y composición de selvas y bosques, dejan el suelo expuesto a la erosión.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Las ardillas son pequeños roedores que cumplen una función importante como dispersores de semillas; sin embargo, no hay datos suficientes acerca del estado de conservación de sus poblaciones.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
Las pavas, cuyas poblaciones se han reducido considerablemente, son importantes en la regeneración natural de los bosques andinos. Pava negra, Aburria aburria.
Fotografía: Juan David Fernández Roldán.
Los anfibios son indicadores del estado de conservación de los ecosistemas y están desapareciendo aceleradamente debido a los cambios en su hábitat.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
El majestuoso cóndor de los Andes, Vultur gryphus, recorre grandes extensiones de territorio para encontrar su alimento.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
El oso andino, Tremarctos ornatus, el único úrsido suramericano, se alimenta principalmente de plantas y es un excelente dispersor de semillas en páramos y selvas.
Fotografía: Archivo iM Editores
El superpáramo, en el límite con los glaciares, es un ecosistema vulnerable a los cambios generados por el calentamiento global que se está perdiendo rápidamente. Sierra Nevada del Cocuy, departamento de Boyacá.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
Páramo bajo, en la zona de transición al bosque altoandino, cuya vegetación es afectada por el desarrollo de las áreas de explotación agrícola.
Fotografía: Archivo iM Editores
El frailejón Espeletia uribei, alcanza hasta 10 metros de altura y es endémico del Parque Nacional Natural Chingaza.
Fotografía: Archivo iM Editores
Vegetación de selva secundaria poblada de yarumos plateados del género Cecropia.
Fotografía: Germán Montes Veira
La selva subandina en buen estado de conservación presenta diversos estratos y árboles de gran diámetro.
Fotografía: Germán Montes Veira
Palma endémica del municipio de Sasaima, Ceroxylon sasaimae.
Fotografía: Angélica Montes Arango
El lítamo real, Draba sp., una diminuta roseta del páramo alto, se extrae para comercializarla como medicamento tradicional.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
Las montañas son el hábitat propicio para el desarrollo de diversas especies de orquídeas, como la Masdevallia coccinea.
Fotografía: Archivo iM Editores
Colombia es un país con alta diversidad de colibríes de extraordinaria belleza como el Aglaiocercus kingii.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Los loros de montaña han perdido sus lugares de anidación a causa de la deforestación. Periquito frentirrufo, Bolborhynchus ferrugineifrons.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
La mariposa Morpho sp., soporta una fuerte presión por parte de coleccionistas.
Fotografía: Archivo iM Editores
Por su elevado nivel de humedad el piedemonte amazónico alberga diversidad de anfibios, como la rana arborícola Centrolene audax.
Fotografía: Juan David Fernández Roldán
La población del loro orejiamarillo, Ognorhynchus icterotis, ha disminuido hasta niveles críticos, debido a la pérdida de sus lugares de nidación en las palmas de cera.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Los primates resultan severamente afectados por la fragmentación del bosque. Tití gris, Saguinus leucopus.
Fotografía: Archivo iM Editores
En la selva inundable de la Amazonia, las plantas están adaptadas a las fluctuaciones estacionales del nivel de las aguas y aportan sus frutos a la fauna acuática.
Fotografía: Archivo iM Editores
Cada nicho de las selvas húmedas de tierras bajas es ocupado por hongos, líquenes y diversidad de helechos.
Fotografía: Archivo iM Editores
En la selva el proceso tradicional de tumba, roza y quema que prepara pequeñas áreas para los cultivos de subsistencia, tiene bajo impacto en el ecosistema.
Fotografía: Angélica Montes Arango
La ganadería ha convertido áreas extensas de la exuberante selva amazónica en pastizales empobrecidos.
Fotografía: Archivo iM Editores
La marimonda chocoana, Ateles geoffroyi, uno de los primates de mayor tamaño que habita en el dosel de la selva húmeda, es un eficiente dispersor de semillas de diversas especies.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
La guacamaya, ave emblemática de la Amazonia, está amenazada; la extracción de sus pichones e individuos adultos pone en riesgo sus poblaciones.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Selva en el borde del raudal del caño Mina, Guainía.
Fotografía: Archivo iM Editores
Selva húmeda en el litoral Pacífico. Ensenada de Utría, Chocó.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Selva húmeda en la Serranía de Baudó, Chocó.
Fotografía: Archivo iM Editores
Selva inundable de la Amazonia.
Fotografía: Archivo iM Editores
Una de las características de la selva húmeda son los grandes árboles que emergen sobre el dosel y pueden alcanzar hasta los 50 m.
Fotografía: Archivo iM Editores
Palma asaí, Euterpe oleracea, forma extensos palmares, de los que se aprovechan de manera intensiva los cogollos para extraer el palmito.
Fotografía: Archivo iM Editores
La chigua, Zamia roezli, de semillas comestibles, es una de las plantas más antiguas del planeta y habita los suelos pantanosos de la selva húmeda del Pacífico.
Fotografía: Archivo iM Editores
Paujil de pico azul, Crax alberti, endémica de Colombia, se alimenta de hierbas y semillas del piso del bosque.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
El gallito de roca, Rupicola peruvianus, habita las fuentes torrentosas de las quebradas de montaña.
Fotografía: David Páez velázquez
Rana kokoi, pertenece al grupo de anfibios dendrobátidos, de piel venenosa, perseguidos para la utilización de sus toxinas.
Fotografía: Fredy Gómez Suescún
El jaguar, Panthera onca, emblemático de la selva húmeda tropical, es el felino más grande de Suramérica.
Fotografía: Thinkstock
Las serpientes venenosas como la cuatronarices, Bothrops atrox, son cazadas intensamente por el temor que infunden.
Fotografía: Juan David Fernández Roldán
La danta, Tapirus terrestris, uno de los mamíferos más corpulentos, es perseguida por su carne.
Fotografía: Archivo iM Editores
El bosque seco es un formación vegetal en la que la mayoría de las especies vegetales que la habitan pierden su follaje en la estación seca, como estrategia para soportar la falta de agua y la intensa radiación solar.
Fotografía: Angélica Montes Arango
En Colombia, la mayor extensión de bosque seco se encuentra en la región Caribe. Bosque seco en el Parque Nacional Natural Tayrona.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Por la actividad ganadera, extensos bosques secos fueron devastados y se convirtieron en sabanas.
Fotografía: Angélica Montes Arango
El guayacán negro, Handroanthus chrysanthus, florece copiosamente cuando llegan las lluvias.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Tángara frentinegra, Euphonia concinna, especie endémica de los bosques secos del valle del río Magdalena.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Del barrigón, Cavanillesia chicamochae, árbol similar a la ceiba, quedan muy pocos individuos; es endémico del cañón del Chicamocha, departamento de Santander.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Ceiba bonga o majagua, Ceiba pentandra, sin hojas durante la fructificación.
Fotografía: Angélica Montes Arango
El aspecto del bosque seco cambia de acuerdo con el clima. En verano pierde el follaje como respuesta a la sequía y con las lluvias reverdece.
Fotografía: Angélica Montes Arango
El aspecto del bosque seco cambia de acuerdo con el clima. En verano pierde el follaje como respuesta a la sequía y con las lluvias reverdece.
Fotografía: Angélica Montes Arango
El aspecto del bosque seco cambia de acuerdo con el clima. En verano pierde el follaje como respuesta a la sequía y con las lluvias reverdece.
Fotografía: Archivo iM Editores
El aspecto del bosque seco cambia de acuerdo con el clima. En verano pierde el follaje como respuesta a la sequía y con las lluvias reverdece.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Carpintero castaño, Picumnus cinnamomeus, endémico de Colombia.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Tití cabeciblanco, Saguinus oedipus.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Lagarto azul, Cnemidophorus lemniscatus.
Fotografía: Archivo iM Editores
Chilacoa colinegra, Aramides cajanea.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Jacamará colirrufo, Galbula ruficauda.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Mono aullador, Alouatta ceniculus.
Fotografía: Archivo iM Editores
Pecarí cariblanco o zaino, Tayassu pecari.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Tarántula, el arácnido de mayor tamaño en el suelo del bosque seco.
Fotografía: Juan David Fernández Roldán
Sabana inundable de la Orinoquia.
Fotografía: Archivo iM Editores
Bosques de galería del piedemonte llanero
Fotografía: Archivo iM Editores
Paisaje de sabanas del Caribe rodeadas de bosque seco.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Plantación de palma aceitera, Elaeis guineensis, en la llanura orinocense.
Fotografía: Archivo iM Editores
Garzón soldado, Jabiru mycteria.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Oso palmero, Myrmecophaga tridactyla.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Caimán del Orinoco, Crocodylus intermedius.
Fotografía: Archivo iM Editores
Corocora roja, Eudocimus ruber.
Fotografía: Alonso quevedo gil - fundación Proaves
Oso hormiguero arborícola del género Tamandua.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Venado llanero, Odocoileus virginianus.
Fotografía: Archivo iM Editores
Tortuga matamata, Chelus fimbriatus.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Ocarro, Priodontes maximus.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Chaparro, Curatella americana, común en las sabanas.
Fotografía: Archivo iM Editores
Vellozia macarenensis, arbusto tolerante al fuego en las sabanas pedregosas del Parque Nacional Natural El Tuparro.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Hierba alta del género Paepallanthus moldenkeanus, en las sabanas arenosas de la Orinoquia.
Fotografía: Gabriel Daza Larrotta
Sabana arbolada de la llanura del Vichada.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Vainillo o cañafístula, árbol leguminoso de madera fina.
Fotografía: Archivo iM Editores
Flor de Inírida, Guacamaya superba.
Fotografía: Francisco Forero Bonell – fundación ecoplanet-f.
Dunas de la región desértica en la Alta Guajira.
Fotografía: Angélica Montes Arango
La desertización se evidencia en el avance de las dunas transportadas por el viento hacia el interior del bosque seco.
Fotografía: Angélica Montes Arango
La minería a cielo abierto más grande del mundo, El Cerrejón, departamento de La Guajira.
Fotografía: David Montes Arango
Explotación de canteras en el enclave seco de Mondoñedo, departamento de Cundinamarca.
Fotografía: Archivo iM Editores
Asiento de suegra, Melocactus curvispinus, cactácea de forma esférica que se separa de su hábitat para utilizarla con fines ornamentales.
Fotografía: Angélica Montes Arango.
Yotojoro, Stenocereus griseus, cactus columnar de uso común en la construcción de viviendas y la elaboración de artesanías.
Fotografía: Angélica Montes Arango.
Mangel o loqueto, Escallonia pendula, arbolito de madera fina de los bosques secos.
Fotografía: Archivo iM Editores
Arbusto espinoso colonizador de los hábitats arenosos de La Guajira.
Fotografía: Archivo iM Editores
Motua, Agavaceae sp., roseta gigante de los enclaves secos del altiplano de Bogotá.
Fotografía: Archivo iM Editores
Lagartija del género Anolis, de hábitos arborícolas.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Cardenal guajiro, Cardenalis phoeniceus.
Fotografía: Archivo iM Editores
Las langostas, fuente de alimento para la fauna, son abundantes durante las temporadas de lluvia.
Fotografía: Diego Miguel Garcés Guerrero
Desierto de La Tatacoa, departamento del Huila.
Fotografía: Archivo iM Editores
Zona árida de Mondoñedo, al suroccidente de la Sabana de Bogotá.
Fotografía: Angélica Montes Arango
Dunas de Taroa en el extremo norte de la península de La Guajira.
Fotografía: Archivo iM Editores
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